miércoles, 11 de febrero de 2009

Lunes

Me desperté como todos los días, tarde, realmente tarde para llegar al trabajo. Primero sonó la radio con las cinco voces de uno de los homosexuales más famosos de mi país, me levante, conciente de lo que hacía y la apagué, después sonó el despertador, con su hiriente alarma, lo apague. Volvió a prenderse la radio, me puse la almohada en la cabeza, y otra vez el despertador…
Otra vez tarde, me despierto en una cacofonía histérica, con la vos de un falso mexicano peleándose con un taxi-metrista, y de fondo, el bip del despertador marcando los beats de mi mañana.
Por acto reflejo y ver que son las 9:07, mi alma entiende que es realmente tarde, que es tarde hace mucho, ya que a las 9:00 tenía que estar en el trabajo.
Es tan difícil afrontar un día como el de hoy, como el de todos los días en realidad, cansado y estresado de usar este traje negro y los zapatos de cuero, cuando el único lujo que me puedo dar es usar las corbatas mas ridículas a modo de protesta, pero siempre cuidándome de ser políticamente correcto, siempre encontrando la excusa, para que mi falta no sea tan grave, ser subversivo, ese placer tan sublime que es el único lujo que puede darse un cobarde. Y estoy orgulloso, de llegar tarde, y de mi corbata que hiere la vista de todos los transeúntes, aunque no reconozco mi cobardía.
Finalmente me siento despierto pasado el mediodía, cuando se acerca la hora de almuerzo, cuando ocultar mi ocio se vuelve imposible pero antes que trabajar, necesito descansar de tanto estrés y ruido constante, de la gente, los teléfonos y los e-mails.
Como todo es una constante y una larga rutina, la hora del almuerzo no podría ser de otro modo, repentinamente vamos llegando a la mesa de siempre… los mismos de siempre.
- Como andas Dami? Tu señora bien?- Le pregunto mientras sigue arrastrando los pies, y el aroma de la comida china, me hace notar que mi almuerzo es un asco, el mismo sabor de siempre, a un queso que sabe a plástico, y un pan que de solo verlo te das cuenta que no es de hoy. – Ahí andamos, lo de siempre, vos sabes. Siempre hay algo que vos no esperas, que genera un quilombo…- Y así, siguiendo la charla, se sienta, y ya esta tragando ferozmente, un menjunje de fideos, con ensalada de lentejas y otras tantas cosas que no logro ver, y que prefiero obviar.
La comida transcurre como todos los días, personas más, personas menos, que comparten la mesa, y una serie de anécdotas que terminan como siempre, en el momento que me levanto para ir a fumar un cigarrillo al patio, sentir el viento en la cara y una mentira hermosa que se parece en un poco a la libertad.
Damián se materializa al lado mío, siempre aparece sin que puedas saber, hace cuanto tiempo esta atrás tuyo pensando en vaya a saber que cosas, sin hacer un solo sonido, una manía molesta, para los corazones débiles como el mío. – ¿Sabés que pasa? - le dije, y abrió los ojos como un dos de oro. – Pasa que tengo veinticinco años y si hubiese terminado un cuarto de las cosas que empecé, no sé donde estaría pero seguro que en un lugar mejor.- Me salió como un chorro de agua de la boca, sin pensarlo y sin haber dicho realmente algo, solo sintiendo una crisis permanente que se acerca a la nada. – Si, yo te entiendo.- me dijo. Pero como iba a saberlo, si ni yo mismo entendía de que estaba hablando. – No somos los únicos que sentimos esto, creo que a todos nos pasa. Es algo social, colectivo, un sentimiento de que no importa que haga cada uno esto va de mal en peor.- seguía sin entenderme, y mucho menos yo a él, pero decidí darme al juego otra vez, un cadáver exquisito, pero no dibujado ni escrito, sino hablado y dejando que sus últimas palabras me hicieran seguir algo que solo tendría sentido en el conjunto. O que nunca lo tendría.
- No podrías tener mas razón. Cada vez mas gente en el mundo, y cada vez mas alejados unos de otros. Los medios de comunicación nos permiten mantener amistades con personas que raramente vemos cara a cara, hasta las cartas quedaron obsoletas al lado de las redes sociales que están apareciendo en Internet, y esto no es nada comparado con las verdaderas relaciones. Las familias perdieron en los últimos años casi todo el sentido que tenían, ya no son una institución como supieron serlo. No es raro vivir con un extraño al que llamamos hermano, y si das un paso mas te das cuenta que si no respetas o querés a tu propio hermano, padre o madre, mucho menos vas a poder respetar al resto de las personas con las cuales no compartís ni una gota de tu sangre, y así justificas cualquier acción que joda al resto como un grano en el culo de la sociedad. Y mejor todavía si ni siquiera les ves la cara, es mas fácil denigrar y llevar a un nivel de sub-humano a cualquier persona.- pensé que el juego no iba a seguir, un juego que no sabíamos por que estábamos jugando, pero me dijo – Y, obvio, así funciona todo. Alguien tiene un poco más de poder que el resto, sea por la razón que sea, plata, fuerza, inteligencia, belleza… y va a querer que eso sea único, algo propio. Por que es lo que nos hace creer vivir un poco mejor que el resto. Y obviamente quieren más de lo que tienen o algo de lo que les falta, para llenar ese hueco que todos llevamos dentro, y así cagar al resto de la gente. A nadie le importa nada excepto su propio culo, solamente quieren poder decidir que tener, y por supuesto tenerlo. – esto me estaba superando y el juego perdía sentido, sobre todo para mi que no seguía el hilo e iba a perder, algo que no soporto ni puedo permitir. – Otra vez tenés razón. Pero pensa que no solo pasa lo que dije en el trabajo, donde hay una minoría de gente con el poder de tener a la mayoría agarrada de las bolas, no quiero decir “encubriendo la esclavitud” por que quedaría muy zurdo. Pero lo importante es que hay otro nivel de denigración totalmente cotidiano, y no estoy hablando de la ignorancia que es lo único que le damos a un mendigo en la calle… ¿Dónde trabajamos? – le pregunté, lamentando y sabiendo la respuesta. – En un call.- dijo – ¿Y cuanta gente atendés que solamente te basurea por el tono de tu voz? Sabiendo que son ellos los que te llamaron, que vos no les quitaste su tiempo. Simplemente te odian por que no te ven la cara, y rezan para que cada día siga así. – Damián suspira, y sigue su turno después de varios dobleces en el papel del tiempo. – Es verdad la gente tiene que elegir, poder realmente elegir, pero en todos los niveles de la vida. No solamente en que va a consistir la cena o una canción en la rockola. Esto no da para más, necesitamos cambiar la sociedad, un nuevo sistema de organización, un sistema basado en el actual, donde se valorizan infinitamente las actitudes, intereses y aspectos individuales, dándole a las personas voz y voto sobre todos los quehaceres de su comunidad, sean estos sobre el tema que sean. – PERDÍ, me cago en Dios no podía perder, como hizo para pensar algo así - ¿Te escuchaste, o simplemente tiras palabras como si vomitases?- Él mira su celular, y me dice – Creo que si, pero tengo una teleconferencia con un cliente de Chicago en cinco minutos. ¡Nos estamos viendo! – Me dice mientras cierra el puño levanta el pulgar, y un destello brilla en su sonrisa como si fuese una publicidad de jabón en polvo.

1 comentario:

  1. Yo vomito palabras a lo loco, deberia prestale mas atencion a lo que digo.
    Me encanto esto chiqui. Muy reflexivo...

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